Sarah Lamb: cuando estuve sin bailar sentí que había perdido mi identidad

Sarah Lamb, bailarina principal del  Royal Ballet,  está bailando más que nunca. Abrió “El Cascanueces” del 3 de diciembre como el Hada de Azúcar, luego de haber realizado “La Bella Durmiente”, “Manon” y “Lime”  de McGregor en las cinco semanas anteriores.

A mediados de 2008 se rompió cuatro huesos tras una  colisión cosa que la mantuvo alejada del ballet por nueve meses. Ahora está recuperando el tiempo perdido, bailando todos los minutos restantes de su carrera como bailarina.

“El ballet es mi vida: Es mi vocación, es mi pasión, y yo sé que no durará para siempre”, dice Lamb.

“Cuando estaba  fuera sentí, ‘¿Quién soy yo? ¿Quién es Sarah Lamb? ‘”, dice de su lesión. “Me sentí como si hubiera perdido mi identidad.”

La bailarina de 31 años nació en Boston. Su madre es de   Canadá y su  padre británico. Siendo niña se interesó por todas las artes,  dibujó, pintó y tocaba el violín.

Viendo el ballet como “un enigma que descubrir”, se lanzó hacia el baile dirigida por un profesor ruso muy estricto. “Yo casi perdí la alegría de bailar”, recuerda. “Llegué a ser excesivamente consciente de todo lo que estaba haciendo mal” , pero aclara que rápidamente se dio cuenta que lo artístico  era más importante que la técnica.

Lamb se unió al Ballet de Boston en 1998, que dejó en 2004 para ir al Royal Ballet de Londres, donde se convirtió en bailarina principal, dos años después.

Sobre la película “Cisne Negro” de  Darren Aronofsky, protagonizada por Natalie Portman, señala que “fue horrible”.

“Tenía un guión lamentable, y probablemente uno de los peores diálogos que he escuchado (…) por desgracia, fue recibido como una historia plausible y semi-realista, y Natalie Portman fue aplaudida por haberse convertido en una bailarina.”

A pesar de que “El Cisne Negro” ha impulsado taquilla, asegura que ese no es el camino a seguir. Estima que para atraer a los jóvenes, las compañías de ballet deben tener programas  “más actuales” con producciones de música contemporánea y leotardos, “en vez de un tutú”.

Sarah Lamb se pregunta por qué los nombres dominantes en el ballet – Rudolf Nureyev, Mikhail Baryshnikov – son hombres. “Los hombres siempre cconsiguen todo  más fácil!”, dice, bromeando sólo a medias.

“En el ballet, los pocos muchachos que hay, destacan,” explica “, mientras que estamos acostumbrados a tener por lo menos 25 niñas que pueden hacer la misma cosa.”

Fuera de escena, la bailarina disfruta de la lectura, aunque también dedica largas horas a coser sus zapatillas. “Es un proceso largo para coser las zapatillas de punta.”

¿Qué viene después de ballet? Probablemente la universidad, dice – y convertir su experiencia en danza en otra cosa.

“Me gusta mucho ensayar, no sólo actuar”, dice.

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